Somos más honestos de lo que creemos. Aunque a veces soñemos con encontrarnos un buen fajo de billetes ‘abandonado’ en plena calle, en la mayoría de los casos reales acabaríamos devolviéndolo. Cuanto más dinero, más probabilidades de hacerlo.

Esta conclusión ha cogido por sorpesa a los investigadores de las universidades de Michigan, Zúrich, Utah y Salt Lake City, responsables de un experimento publicado enScience este mes. Este curioso ejercicio de observación del comportamiento humano ligado a la economía ha puesto en circulación 17.000 carteras ‘perdidas’ con diferentes cantidades de dinero en 40 países de todo el mundo. El objetivo no era otro que estudiar la honestidad de las personas y contestar con el mayor rigor científico la clásica pregunta de “¿qué harías si te encontraras con una billetera repleta de dinero?”. 

Todos los investigadores participantes pertenecen a departamentos de estudios económicos y de gestión. No se trata de una casualidad. Como reza la presentación de los resultados, la honestidad es una faceta esencial en la vida social y económica. “Sin honestidad, las promesas quedan rotas; los contratos, incumplidos; los impuestos no se pagan y los gobiernos se tornan corruptos”, plantea el estudio. Sólo en evasión de impuestos las pérdidas monetarias en EEUU alcanzan centenares de billones de dólares cada año, y el coste global de la corrupción está estimado en 1,3 trillones de dólares en el mismo período.

En todos los países analizados, las carteras que contenían dinero fueron devueltas en mayor porcentaje que aquellas que no lo contenían

Y sin embargo, la investigación abre un lugar a la esperanza en la especie humana. Los observadores dejaron abandonadas billeteras con distintas cantidades de dinero -o bien ninguno, o un montante que oscilaba entre los 13 y los 94 dólares-, emplazadas en lugares públicos como bancos, teatros, museos, hoteles, juzgados u oficinas de correos de 355 ciudades en 40 países. Las carteras incluían también una tarjeta de contacto con su presunto dueño. Todos los correos electrónicos estaban monitorizados por los investigadores. 

Pese a que otros estudios teóricos y modelos clásicos económicos sugerían que la falta de honestidad se disparaba ante un importante incentivo monetario, este experimento ha demostrado lo contrario. En todos los países analizados, las carteras que contenían dinero fueron devueltas en mayor porcentaje que aquellas que no lo contenían. Y para mayor sorpresa, cuanto más dinero guardaba en su interior la billetera, más probable era que fuese devuelta. De hecho, el 98% del dinero en los monederos perdidos fue devuelto. 

Los lugares con mayor tasa de devolución de las carteras fueron Dinamarca y Suecia, seguidos de Suiza, Nueva Zelanda, Noruega y la República Checa

Los investigadores han barajado diversas teorías que expliquen este comportamiento, subrayando que la aversión a sentirse un ladrón es el principal impulso humano para devolver el objeto abandonado. En encuestas previas realizadas, una persona tiene una peor consideración de sí mismo cuando se apodera de una cartera con una mayor cantidad de dinero. La preocupación por la propia imagen del individuo podría conducir al mismo hacia la vía de la honestidad. 

Por países, los lugares con mayor tasa de devolución de las carteras fueron Dinamarca y Suecia -casi un 80% de devoluciones de las que contenían dinero-, seguidos de Suiza, Nueva Zelanda, Noruega y la República Checa. En España llegamos al 60% de devoluciones, y también se registra un aumento importante de las mismas con respecto a las billeteras vacías. 

El experimento también incluye una encuesta de predicciones sobre sus resultados tanto a ciudadanos normales como a expertos en economía. Ni unos ni otros atinaron con un pronóstico del comportamiento registrado en los escenarios reales. De hecho, sólo el 29% de los economistas consultados predijo que las carteras con más billetes serían las más susceptibles de ser recuperadas. Es decir, la confianza de las personas en la honestidad de las otras personas es muy pobre. Menos mal que nuestro comportamiento ha sido capaz de superar los peores augurios sobre nosotros mismos.